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Homilía del Pbro. Javier Can, en la misa del centenario de Calkiní
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| 7 de diciembre de 2018. |
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Sr. Vicario General,
Hermanas religiosas,
Hermanos en el sacerdocio,
Respetables autoridades municipales
Hermanos todos:
Por primera vez estamos reunidos en este bellísimo templo de San Luis Obispo, para agradecer a Dios, el “Dios de la historia”, la gracia de poder celebrar que hace 100 años, en un día como hoy 30 de Noviembre de 1918, el gobernador Joaquín Mucel Acereto firmó el Decreto No 110, con el que se le concedía el título de Ciudad a la villa de Calkiní,1 un acontecimiento sin duda especial y extraordinario, que nos llena de orgullo como hijos nacidos de esta tierra y al mismo tiempo nos llena el corazón de agradecimiento y de compromiso.
Los calkinienses debemos sentir profunda satisfacción de vivir en esta noble ciudad, puesta bajo la protección de San Luis Obispo, de nuestro venerado Cristo de la Misericordia y de este templo, que como describe el Prof. Andrés González Kantún es “una iglesia en cuyo interior repercute (…) el silencioso y nostálgico eco de las Aves Marías recitados con devoción por generaciones de franciscanos y creyentes cristianos hermanados por el tiempo y la fe”2. En las piedras de este templo se ve la huella de los primeros frailes franciscanos: Luis de Villalpando y Juan de Herrera que poco tiempo de finalizar la conquista del cacicazgo maya de los Ah Canul en 1541, arribaron para hacerse cargo de la evangelización, la promoción humana, la defensa y protección de los indios mayas.
Y así llegamos a una primera afirmación: la vida de nuestro pueblo, no está separada de la fe cristiana, porque vivimos “hermanados por el tiempo y la fe”. Hay una relación dialógica en la que no se entiende el uno sin el otro.
Y la palabra de Dios nos ilumina para comprender esta estrecha relación: entre Dios y los hombres, entre la fe y la vida, con el Evangelio que hemos escuchado hoy, que celebramos a San Andrés Apóstol.
El Evangelista San Mateo, describe el encuentro de Jesús con los discípulos a partir de una mirada: Dice el evangelista. «Que Jesús pasando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos…»
Que impactante escena, “Jesús” el hijo de Dios que siempre está caminando, que está siempre en salida, buscando al hombre. Que pasa por la orilla del mar de nuestras vidas, se acerca. ¡Nos mira! Y nos llama. La mirada de Jesús no es una mirada superficial ni interesada, cuando Jesús “mira” al hombre, mira el corazón, porque sólo Él lo conoce.
Y esta mirada va llena de dinamismo, de invitación, de apertura con aquellos que se encuentran con Él, de sacar lo mejor de sí mismos. Jesús nos invita a hacer la mejor versión de nosotros mismos, en pocas palabras a potenciar la vida: “Síganme, y los haré pescadores de hombres”. Seguir a Jesús, no es solamente seguir una idea utópica, no es una doctrina o un código moral que hay que cumplir, ni tampoco la fe cristiana es un evasivo de la realidad. Seguir a Jesús, es seguir a una persona viva y operante, que es capaz de transformar la vida de las personas, de mejorar su realidad con la fuerza de su amor y la ternura de su perdón, como lo hizo con Pedro y Andrés aquella tarde. “Seguir a Jesús es seguirlo no tanto con los pies, sino con el afecto y la imitación”3.
Así comienza la acción de Jesús comienza por la mirada y prosigue con la palabra. Solo una mirada limpia y sin prejuicios, y solo las palabras de verdad y transparencia, generan una relación autentica y comunitaria.
Ante esta mirada, estas palabras y esta persona el resultado de la invitación es fulminante. Estos dos primeros pescadores, se convierten en discípulos. Son capaces de comprender y aceptar la oferta de Jesús. “Dejan la barca y a su padre y siguen a Jesús”. ¡Qué libertad tan grande de aquellos 3 sencillos pescadores! “Dejar las redes y dejar al padre”, era dejarlo todo para seguirlo, y esta decisión refleja “la auténtica libertad” de las personas sencillas… Que no permite que nos atemos a las esclavitudes materiales o afectivas y la docilidad ante el llamado de Jesús.
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En la celebración de este centenario de nuestra ciudad, ¿no sería bueno pedirle al Señor?, que “nos mire” como aquellos pescadores en medio del trabajo cotidiano, en medio de nuestra realidad social, que no porque es rica y bella, está exenta de fragilidad. ¿Acaso nuestra ciudad no necesita la mirada de “amor” y “fascinación” de Dios, qué nos libre de las “esclavitudes sociales” que nos impiden crecer y dar lo mejor de nosotros mismos para el crecimiento de nuestro pueblo?
Y así llegamos a una segunda afirmación: Un pueblo no se puede construir “sin amor social”, donde hay “amor social” no hay odios entre hermanos ni ambiciones particulares, porque el verdadero amor es fundante genera encuentro, servicio, bien común, solidaridad. Y al desear estos valores no podemos olvidar aquellos que con su vida nos han dado testimonio de este “amor social”: como el muy recordado Monseñor Gonzalo Balmes Noceda, que recogió y ayudó a muchos niños y jóvenes a culminar sus estudios, a Doña Amada e Isabel Sosa (Chabelita) que con su dulce paciencia y caridad atendieron a los pobres y menesterosos que nadie quería, a nuestros pintores Renán Suarez, Sergio Cuevas, a nuestros cantantes y músicos como Santiago Sosa Cabrera, los hermanos Rodríguez, Pedro Canul entre otros, a nuestros poetas como el Padre Polito aquí presente, Ramón Iván Suárez Caamal, Briceida Cuevas, a nuestros niños que bailan nuestro baile regional con orgullo, a nuestros deportistas, a tantos maestros que han dejado su vida en las aulas algunos de ellos hoy sacerdotes, a nuestros mismos sacerdotes y religiosas, en fin a tantos calkinienses que publica o anónimamente con esa “mirada compasiva” y ese “amor social” nos hacen sentirnos orgullosos de nuestra tierra.
Y es aquí donde le pedimos a Dios, que nos ayude a purificar nuestra mirada personal y social. Detenernos y preguntarnos por nuestro amor ciudadano ¿Cómo miro a mi ciudad? ¿La miro con optimismo y simpatía? ¿Vivo agradecido con ella? ¿La cuido y la protejo? ¿mi mirada es solidaria y caritativa con los necesitados de mi pueblo? ¿cómo contribuyo a que la calidad humana y espiritual crezcan en mi sociedad? ¿o tengo una mirada de indiferencia, de críticas mordaces que no construyen y edifican a nuestra sociedad calkiniense? … Ser calkiniense es un orgullo, pero también un compromiso, el compromiso de “construir el futuro que queremos”. No nos conformemos con nuestros orgullos culturales o magisteriales, que aunque 4 bien nos hacen llamar la “Atenas del Camino Real”, no es suficiente vivir de las rentas del pasado, porque son tentación de mediocridad, hay que seguir construyendo con “miradas compasivas y fascinantes”, con “palabras que lleven vida y edifiquen”, con “decisiones que venzan nuestro egoísmo” y hagan de Calkiní una ciudad mejor no solo en lo material, sino en lo humano, con una “actitud dinámica y solidaria” y en lo espiritual como coherentes cristianos.
Y aquí está la riqueza de los que se aman a sí mismos y a la tierra que los vio nacer. Los que aman con todo su ser, aun llenos de debilidades y límites, son los que vuelan con ligereza, libres de influencias y presiones. Quien no ama de "corazón y espíritu" se arrastra pesadamente entre sus especulaciones y miedos, se siente perseguido y amenazado, se siente pobre para aportar, o critica todo pero no aporta nada, su mirada no es limpia y sus palabras no dan vida. Y el Señor hoy nos recuerda que solo “las miradas compasivas y las palabras positivas” que nacen del amor, son capaces de transformar y dinamizar la vida, de una persona, de un pueblo, de una sociedad.
Demos gracias a Dios por estos cien años de vida como ciudad, por todo lo bueno que Dios nos ha concedido, aprendamos de nuestros errores y construyamos el futuro que deseamos para nuestro pueblo, para nuestra ciudad, para los que vienen detrás de nosotros.
Pidámoslo al Señor de la Misericordia que con sus brazos abiertos y su mirada compasiva nos acompaña:
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor y ensálzalo eternamente.
que tu misericordia, Señor,
venga sobre nosotros, como lo esperamos de Ti
Porque en ti Señor, hemos confiamos. Amén.
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1 Teresita Durán, el 25 de noviembre de 2018 en http://www.calkini.net/columnas/2018/teresita208-2018 calkiniciudadcentenaria.html
2 Andrés González Kantún en http://historias-profe-andres.blogspot.com/2012/06/iglesia-de-calkini.html
3 Remigio en https://www.deiverbum.org/mt-04_18-22/ |
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| Texto: Enviado por Pbro. Javier Can Trejo, 01/12/2018 // Fotos: Santiago Canto Sosa |
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