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Adultos mayores, recompensa a la vida

(28 de agosto de 2017)
 
Imagen ilustrativa
 

Cada día es un regalo,
en la vejez, las horas son esperanza.
(T. Durán)

 

La vida es un viaje, tiene escalas y en cada estación, aprendizajes; vivencias por compartir y enseñar. Sin embargo, cuando se aproxima la vejez, brota un torrente de anécdotas escondidas en alguna partecita del ser. Evocar esos pasajes es como volver a retratar esos paisajes memorables o aquellas noches de romanticismo, sintiendo la fresca brisa del mar; admirando la redondez de la luna y la compañía celosa de las estrellas.

El colorido de las mañanitas, el azahar de los naranjos perfuma los atardeceres y la fragancia de las rosas se impregna en el beso de los enamorados. Llegar a la vejez es deslizarse al cauce de una gran cascada de experiencias, no para zambullirse en las tristezas sino para sentir nuevamente la serenidad de la mañana, mirar el sol desde la ventana del alma.

Envejecer es natural, es señal de vida. Desde el punto de vista biológico, atiende a un proceso con cambios físicos, fisiológicos, psicológicos. No es la acumulación de años sino de saberes. Ciertamente, el cuerpo mengua sus capacidades físicas al igual que las destrezas motrices; la piel se vuelve sensible, las líneas de expresión se acentúan, posiblemente las facultades cerebrales manifiesten algún deterioro como pérdida de memoria, dificultad para percibir, reconocer rostros… ¿y las emociones? ¿Dónde quedó la alegría? ¿El amor escapó? Es sorprendente lo que ocurre con el cuerpo, y con el cerebro, más sorprendente.

Es posible que la actitud cambie cuando se aproxima el envejecimiento, el estilo y calidad de vida para festejar más cumpleaños. Para algunas personas, envejecer puede resultar traumático. Celebrar nuevos abriles deja de ser una festividad para convertirse en una pesadilla. Afortunadas las personas que acumulan décadas de sabiduría, con actitudes positivas, vigorosas, con espíritu férreo para recibir más auroras, rodeadas de gente respetuosa, familiares cariñosos. Según sea la situación particular de los adultos mayores, las condiciones no son iguales, las expectativas también son diferentes, las tareas familiares complicadas e inesperadas.

Generosa la vida por darme nuevas lecciones en la atención y cuidado de mis padres ancianos. La recompensa a su crianza durante mi infancia, el tiempo dedicado a la protección, compañía y formación como hija, como mujer. Los hijos abrevamos el amor, la humildad y el respeto. No importa la edad de nuestros padres, si son jóvenes o adultos mayores, cuenta la calidez, el tiempo, la compañía y el amor.

Los ancianos de la familia, amigos y vecinos anhelan un ratito de compañía, ansían el abrazo de sus seres queridos, la presencia más frecuente, duradera de sus hijos. Aventurados los descendientes que educan a sus hijos a amar a los abuelos, bienaventurados los bisnietos que crecen con la valentía del abuelo, el consejo de la abuela. Desafortunados los que no conviven con ellos y niegan el recuerdo de sus ancestros. Las reacciones y actitudes de hijos, nietos y otros integrantes de la familia, varía tanto como las tonalidades del mar.

Acordarse de los adultos mayores en el mes de agosto es una manera simple de mirar el calendario para visitarlos. Los adultos mayores merecen mucho más, un día no es suficiente para admirar y expresar sentimientos a los padres de nuestros padres. El tiempo es cómplice de los años, los recuerdos y las arrugas. La vejez de nuestros padres y los momentos mágicos que en la vida se atesoran.

Comparto amables lectores la siguiente prosa: El abuelo ha envejecido. Las ramas del roble han perdido fuerzas, conserva su frescura pero se ha dado cuenta que por viejo, pocos llegan bajo las ramas.

El abuelo ha perdido fuerzas para abrazar… su fronda ha protegido del sol, la lluvia y los rayos, hoy necesita sentir que en la vejez conserva su raíz fuerte y sigue siendo el más querido. Siempre estará para su familia.

¡Ven a abrazarlo, vuelve a sentir cobijo y paz a su lado!

El abuelo ha envejecido…

Agosto 23/2017.

 
 
Texto: Teresita Durán Vela, 28/08/2017 // Foto: Depto. de Comunicación del Ayuntamiento de Calkiní, agosto de 2014