El corazón de Ah' Canul - 55
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Mi primer beso
Fanny Álvarez
Portada - 55
 

Se dice que un beso es un mar de emociones, experimentado por toda persona alguna vez en su vida. Es una sensación inigualable que no se puede expresar con palabras, que te hace sonreír, que te alegra el alma y el corazón. Un acto aparentemente insignificante, que puede contener muchos sentimientos; hace que cuentes los segundos, las horas y los días para que se repita de nuevo aquel momento inolvidable… Un beso que se recibe espontáneamente, y a veces sin buscarlo, es como un sueño hecho realidad.

Así sentí mi primer beso con él. Fue un beso dado sin planearlo y menos imaginado; simplemente sucedió, ¡ay¡, pero fue tan divino. Aún lo recuerdo muy bien. Lo siento aún en mis labios. Era una noche hermosa en la cual sólo deseábamos divertirnos, fue en la feria de Halachó, en noviembre. Esa noche nos acompañaba mi mamá, pero no era un obstáculo porque ya tenía planes para encontrarme con él.

Llegando, recibí una llamada y me di cuenta que era él y comenzamos a platicar. Le indiqué dónde estaba para encontrarse conmigo cuando mi mamá me dijo que ya estaba cerca y lo vi venir hacia mí; fue una sensación extraña, pues era la primera vez que sentía eso al verlo. Se sintió cohibido cuando vio a mi mamá, pero nos separamos de ella y comenzamos a caminar y nos subimos al remolino, aunque no estaba segura porque sentía miedo, y él preocupado por mí. Una vez calmada del vértigo, empezó a comportarse de una manera distinta; comenzaron los abrazos, las fotos, las palabras lindas. Bajamos y nos pusimos a caminar, tomados de la mano como si fuéramos novios desde hace mucho tiempo.

Ya era algo tarde; transitamos por un callejón que llegaba hasta la iglesia —los palcos del ruedo, testigos de nuestra emoción— y nos detuvimos a observar algunas cosas que se vendían. Comenzamos a jugar con las palabras y nos preguntamos, curiosamente al mismo tiempo, ¿cómo se sentiría un beso entre nosotros? Fue entonces que comenzó a acercarse hacia mí, intentando darme un beso, pero se detenía, le daba pena, me miraba mil veces atontado; lo pensaba, pero no se animaba, y yo disimulaba, como que no quería; entonces, me molesté porque nada más estaba como jugando y cuando intenté irme… me abrazó tiernamente y me miró a los ojos y me dio el beso más dulce que aún no se despega el sabor de mis labios. Fue algo único porque desde ese momento había nacido entre nosotros un sentimiento de amor, que produjo un océano de emociones con ese beso que fue el primero entre él y yo.

Aún recuerdo que dijo: “Ese beso se repetirá, pero no será a un costado de la iglesia como ahora, sino dentro del templo, y tú estarás vestida de blanco junto a mí en el altar”.