Calkiní, 26 de octubre de 2009
Día de Muertos. Celebración tradicional
 

La celebración del día de muertos en las poblaciones del Camino Real y comunidades del municipio de Hopelchén, es una de las tradiciones mayas heredadas. La comida de las ánimas, conocida como “hanal pixán” en lengua maya, es una verdadera manifestación de alabanza a la muerte y a la memoria de los difuntos; en su honor, las familias esperan el último día de octubre y los dos primeros de noviembre, para ofrendar oraciones, alimentos y bebidas en los altares de las casas.

 

Los últimos días de octubre se convierten en la temporada más intensa de limpieza: las albarradas se blanquean con cal, los patios y el frente de las casas se barren hasta quedar si alguna hoja seca; los osarios se pintan para albergar la llegada de las almas. Los preparativos de la fiesta dedicada a los difuntos, son tareas que las familias realizan especialmente, para esperar la visita de las ánimas durante esos días; desde la limpieza de la casa, tumbas o nichos en el panteón, hasta la compra de los ingredientes para el guisado de los pibipollos, sin olvidar el lavado de mesas, sillas y el mantel blanco para la mesa del altar. Volverán a salir los incensiarios y las jícaras para el atole nuevo. También en esos días, se acostumbra visitar el cementerio, para manifestar respeto y orar por el descanso eterno de los seres queridos.

El 31 de octubre –decían las “personas grandes” es el día de los difuntitos, ellos como son angelitos, se les pone en la mesa: silbatos de barro, frutas, caldo de gallina con verduras, pan dulce con formas de animales, un vaso de leche y dulces. Parte de la repostería tradicional que durante los días de “finados” abunda en los mercados, las cocinas y las mesas, son dulces de calabaza, papaya, camote, yuca cocida con miel, manjar blanco, mazapán, merengues, suspiros, etc…

Durante la madrugada del siguiente día, las mujeres empiezan con el ritual de la preparación del guisado: moler el achiote con las especias, limpiar las carnes (cerdo, gallina, pollo, pava) y cocerlas para después hacer el col. Otras personas ayudan a lavar el nixtamal, moler para tener la masa fresca; desgranar el x-pelón, limpiar las hojas de plátano, los hilos de la penca de henequén para el amarre de los pibes.

La tarea no es sencilla, se requiere de muchas manos y la colaboración de varias personas. Los hombres hacen el horno en la tierra, ellos serán los encargados de encenderlo, enterrar y sacar los pibi – pollos (aproximadamente dos horas después). El primero se pone en la mesa de los difuntos, pues es en su honor la fiesta; después todos a saborear la ricura de ese manjar.

Para el 2 de noviembre, se destina el día para llevar flores, veladoras, al cementerio; oraciones y plegarias a la memoria de los seres queridos… Durante esas fechas, las familias se reúnen, conviven y comparten anécdotas; hacen planes para el próximo encuentro. Si los bisabuelos o abuelos asisten a la reunión familiar, anuncian “último año… quien sabe si estaré el otro año…” como una señal de despedida o un presagio… ¡En estos días, casi siempre aflora la nostalgia!

Recuerdo como los abuelos, insistían en el valor de la mesa principal el retrato de las personas fallecidas, flores, velas y veladoras; velas de colores para las ánimas de los niños; para los adultos las velas blancas y una sola, para el espíritu en pena. No era permitido pasar corriendo frente al altar, ni tocar los dulces o panes; sólo se podía comer algo de las ofrendas, después de las 12 del medio día y si habías rezado. Al paso de los años, algunas costumbres están cambiando, otras desaparecen y algunas más, simplemente se olvidan y dejan de hacerse; por eso bien vale la pena, que en las familias, abuelos, padres e hijos mayores, continúen poniendo los altares, como una expresión de respeto a los muertos; así con el ejemplo, se alimenta la tradición. Pues en cada hogar, la preservación de costumbres y tradiciones, ayudará a conservar la herencia cultural de nuestros antepasados y legar a las generaciones de este siglo la riqueza de nuestras raíces.

La fiesta de muertos y el hanal pixán son dos buenas razones para inculcar en los niños y adolescentes, la riqueza de un pasado que se resiste a desaparecer y merece protegerse. ¡Celebremos el día de muertos en familia!


San Fco. de Campeche, Cam. 25 de octubre de 2009.

 
 
 
 
Fuente: Teresita Durán Vela; 25 de octubre de 2009 / Fotos: Santiago Canto Sosa, 2008