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Hablar del molino de nixtamal y fábrica de hielo
de don “Tuxo”Alpuche, (Alberto Alpuche Herrera),
es remontarnos hacia una época que nunca más
volverá, quien no recuerda este molino que hizo
historia en este lugar, era el único y a el acudían
gentes de todo el pueblo, desde muy temprano se veían
colas de gentes en su mayoría mujeres de campesinos,
que iban a moler el nixtamal para que sus maridos pudieran
llevar sus “bastimentos” (alimentos) a sus
milpas. Don Tuxo como popularmente se le conoció,
heredó el molino de su señor padre cuando
el tenía apenas 20 años de edad, el continuó
con esta pequeña empresa asi la llamaremos, su
edificio se ubicaba sobre la calle 20 entre 25 y 23,
actualmente en ruinas, él trabajaba junto con
su hijo del mismo nombre (Alberto), quién no
recuerda al pasar por aquel lugar, el inconfundible
aroma del cacao porque ahí lo molían,
para después degustar en sus hogares el sabroso
chocolate; es justo. recordar a los ya desaparecidos
personajes como “Don Sol Santini” de Dzitbalché,
y al popular “José Encarnación Herrera
el popular ”Puxa”, al “mocho”
y otros, quienes desde temprano pegaban sus carretas
de caballos, para cargar inmensas marquetas de hielo
que más tarde distribuirían en diversos
lugares del pueblo y de algunas poblaciones circunvecinas,
en aquel entonces no existían los refrigeradores
y ahí expendían pedazos de hielo que costaban
desde $0.50 cincuenta centavos o $1.00 o un peso, para
poder helar sus refrescos o el rico pozole.
Don
Alberto Alpuche Herrera nació en esta ciudad
el 19 de abril de 1908 y falleció el 29 de junio
de 1983 se casó con Elda Cuevas Herrera y sus
hijos fueron Alberto, José (+), Socorro y Alfonso.
Indagando
sobre el origen de esta industria, Alberto Alpuche Cuevas
su hijo nos relata: Que contaban con 3 máquinas
de carbón, Una de marca “Campel”
de 20 caballos, y la otra Marca “Ruston Lincoln
England” de Diesel de 40 caballos de fuerza, luego
tuvieron otra “Ruston” de 30 caballos de
carbón. La de diesel consumía 3 litros
por hora y un litro de aceite cada 4 horas. Y muchos
sacos de carbón que actualmente costaría
mucho mantenerlas.
Era
un gran trabajo prender el carbón comenzábamos
a las 4 de la mañana, a través de un ventilador
de mano, porque al prenderse éste, producía
un “gas azulejo” que inmediatamente ponía
en movimientos las máquinas, que se encargaban
de mover las grandes poleas, de igual manera se encendían
las calderas que moverían los generadores que
producirían un gas, que es el que formaría
el hielo, era un gran proceso, porque el agua pasaba
a través de tuberías que enfriaban el
gas, en un ir y venir, además se combinaba con
Amoniaco y salmuera, que estas lavaban los tubos cuando
se engrosaban de hielo, el agua que usaban para fabricar
el hielo, en un principio fue de agua de lluvia, más
tarde se hizo de agua potable o combinada, para que
el hielo fuera cristalino y de mejor calidad. El trabajo
era todo el día, es lo que llegó a cansar
a mi papá y me lo dejó cuando el ya no
pudo seguir con este ritmo de trabajo, en épocas
de secas se producía mucho hielo y no descansábamos,
se fabricaban 2 toneladas, que tardaban en elaborarse
24 horas, cada marqueta pesaba 50 kgs, y costaban 100
pesos. Un mecánico de Mérida don Alfonso
Maldonado le daba el mantenimiento a las máquinas
anualmente, se contaba con un pozo antiguo que nunca
se le agotaba el agua, el único que se metía
a componer las bombas era el difunto de Vallejos porque
él ya sabia el lugar donde se ubicaban y como
estaba oscuro se alumbraba con un foco.
La
fábrica como ya dijimos la hereda don Tuxo de
su señor padre en 1928 y cierra sus puertas en
el año de 1983, cuando ya no había quien
aguantara el ritmo de trabajo y la modernización
ya estaba en su apogeo en esta joven ciudad.
El
que esto escribe recuerda que todos los días
se escuchaba en el silencio de la noche aquel “ruido
inconfundible” que semejaba una vieja locomotora
que venía de lejos pero que nunca llegaba a su
destino. Toda una historia que deben de conocer las
generaciones actuales y venideras, actualmente sólo
quedan como mudos testigos: las viejas máquinas,
el pozo, y el edificio en ruinas aún en el mismo
lugar sobre la calle 20 de esta ciudad.
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