El corazón de Ah' Canul - 18
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Uno de los primeros molinos de nixtamal y fábrica de hielo de Calkiní de don Tuxo Alpuche
Carlos A. Fernández Canul
Portada -18
Edificio de la Fábrica de Hielo
 

Hablar del molino de nixtamal y fábrica de hielo de don “Tuxo”Alpuche, (Alberto Alpuche Herrera), es remontarnos hacia una época que nunca más volverá, quien no recuerda este molino que hizo historia en este lugar, era el único y a el acudían gentes de todo el pueblo, desde muy temprano se veían colas de gentes en su mayoría mujeres de campesinos, que iban a moler el nixtamal para que sus maridos pudieran llevar sus “bastimentos” (alimentos) a sus milpas. Don Tuxo como popularmente se le conoció, heredó el molino de su señor padre cuando el tenía apenas 20 años de edad, el continuó con esta pequeña empresa asi la llamaremos, su edificio se ubicaba sobre la calle 20 entre 25 y 23, actualmente en ruinas, él trabajaba junto con su hijo del mismo nombre (Alberto), quién no recuerda al pasar por aquel lugar, el inconfundible aroma del cacao porque ahí lo molían, para después degustar en sus hogares el sabroso chocolate; es justo. recordar a los ya desaparecidos personajes como “Don Sol Santini” de Dzitbalché, y al popular “José Encarnación Herrera el popular ”Puxa”, al “mocho” y otros, quienes desde temprano pegaban sus carretas de caballos, para cargar inmensas marquetas de hielo que más tarde distribuirían en diversos lugares del pueblo y de algunas poblaciones circunvecinas, en aquel entonces no existían los refrigeradores y ahí expendían pedazos de hielo que costaban desde $0.50 cincuenta centavos o $1.00 o un peso, para poder helar sus refrescos o el rico pozole.

Don Alberto Alpuche Herrera nació en esta ciudad el 19 de abril de 1908 y falleció el 29 de junio de 1983 se casó con Elda Cuevas Herrera y sus hijos fueron Alberto, José (+), Socorro y Alfonso.

Indagando sobre el origen de esta industria, Alberto Alpuche Cuevas su hijo nos relata: Que contaban con 3 máquinas de carbón, Una de marca “Campel” de 20 caballos, y la otra Marca “Ruston Lincoln England” de Diesel de 40 caballos de fuerza, luego tuvieron otra “Ruston” de 30 caballos de carbón. La de diesel consumía 3 litros por hora y un litro de aceite cada 4 horas. Y muchos sacos de carbón que actualmente costaría mucho mantenerlas.

Era un gran trabajo prender el carbón comenzábamos a las 4 de la mañana, a través de un ventilador de mano, porque al prenderse éste, producía un “gas azulejo” que inmediatamente ponía en movimientos las máquinas, que se encargaban de mover las grandes poleas, de igual manera se encendían las calderas que moverían los generadores que producirían un gas, que es el que formaría el hielo, era un gran proceso, porque el agua pasaba a través de tuberías que enfriaban el gas, en un ir y venir, además se combinaba con Amoniaco y salmuera, que estas lavaban los tubos cuando se engrosaban de hielo, el agua que usaban para fabricar el hielo, en un principio fue de agua de lluvia, más tarde se hizo de agua potable o combinada, para que el hielo fuera cristalino y de mejor calidad. El trabajo era todo el día, es lo que llegó a cansar a mi papá y me lo dejó cuando el ya no pudo seguir con este ritmo de trabajo, en épocas de secas se producía mucho hielo y no descansábamos, se fabricaban 2 toneladas, que tardaban en elaborarse 24 horas, cada marqueta pesaba 50 kgs, y costaban 100 pesos. Un mecánico de Mérida don Alfonso Maldonado le daba el mantenimiento a las máquinas anualmente, se contaba con un pozo antiguo que nunca se le agotaba el agua, el único que se metía a componer las bombas era el difunto de Vallejos porque él ya sabia el lugar donde se ubicaban y como estaba oscuro se alumbraba con un foco.

La fábrica como ya dijimos la hereda don Tuxo de su señor padre en 1928 y cierra sus puertas en el año de 1983, cuando ya no había quien aguantara el ritmo de trabajo y la modernización ya estaba en su apogeo en esta joven ciudad.

El que esto escribe recuerda que todos los días se escuchaba en el silencio de la noche aquel “ruido inconfundible” que semejaba una vieja locomotora que venía de lejos pero que nunca llegaba a su destino. Toda una historia que deben de conocer las generaciones actuales y venideras, actualmente sólo quedan como mudos testigos: las viejas máquinas, el pozo, y el edificio en ruinas aún en el mismo lugar sobre la calle 20 de esta ciudad.

 
Don Alberto Alpuche Cuevas (Hijo)