Hablemos de un experimento efectuado en una Universidad
de los Estados Unidos de Norteamérica: Se les
proporcionaron a varias personas motivos, ambientes
o escenarios que los indujeron a vivir momentos de felicidad.
Simultáneamente sus cerebros pulsaciones, química
sanguínea, etc. fueron sometidos a mediciones.
Todos los resultados apuntaron hacia la positividad,
se generaron en el cuerpo endorfinas, interlucan y otras
drogas internas que le hacen bien al organismo.
Posteriormente
se les extrajo del ambiente o escenario generador de
los resultados mencionados, y se les pidió que
cerraran los ojos y recordaran o visualizaran mentalmente
los sitios o escenas anteriores. Los resultados en el
corazón cerebro y química sanguínea
fueron los mismos. Para el cuerpo no hubo diferencia
entre ver y vivir la realidad o en recordarla. Para
el organismo era lo mismo.
De
este experimento se concluye que pensar es llevar a
cabo química cerebral; esto es que cada pensamiento
genera una sustancia química para cada estado
mental: una para la tristeza, una para la ira, una para
la alegría, etc. Con nuestro pensamiento tenemos
la oportunidad de participar en la creación de
nuestra realidad, no solamente la genética y
las circunstancias son elementos creadores.
Un
ejercicio para llevar a la práctica lo mencionado
anteriormente es el siguiente:
Siéntate
o recuéstate cómodamente. Respira lentamente
para relajarte, trae a tu mente algún recuerdo
feliz de tu vida. Visualízalo en tu pantalla
mental, recreando las imágenes visuales, los
sonidos. Siente en tu cuerpo o en tu rostro el aire,
el agua, la tersura de alguna superficie, etc. Puedes
ser espectador del evento o participar como protagonista.
Haz
esta práctica las veces que lo desees y dale
la duración que quieras. Los temas de visualización
pueden variarse; la única condición es
que se refieran a momentos felices de tu vida.
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