La ciudad de Calkiní, así como las juntas
municipales de Dzitbalché, Bécal y Nunkiní,
tienen una historia que es preciso redactar, preservar
y difundir entre las nuevas generaciones.
Así
mismo, como un medio que contribuya a consolidar nuestra
identidad y nuestros valores histórico-sociales,
es necesario destacar los sitios y edificios que son
parte de la historia local, y que en ocasiones, están
afectados por el olvido, el descuido o la negligencia
de quien debiera rescatarlos y exponerlos a la atención
de propios y extraños.
Quiero
proponer, en primer término, a las autoridades
municipales y a las del Instituto Nacional de Antropología
e Historia, así como a las sociedades culturales
y asociaciones civiles, que se coordinen para que en
las comunidades del municipio de Calkiní, comenzando
por la cabecera municipal y las juntas municipales,
se lleve a cabo un programa de identificación
y señalización mediante placas –no
metálicas, no de granito, no de cantera, sino
a modo como están en el centro histórico
de la capital del estado- de todos aquellos sitios o
construcciones que son parte de la historia de cada
comunidad.
Así,
por ejemplo, en la ciudad de Calkiní, es necesario
resaltar, cuando menos, los siguientes lugares:
*
El sitio conocido como Tuuk-Kaan.
* La iglesia de San Luis Obispo.
* La casa donde pernoctó la emperatriz Carlota
en 1865.
* El sitio donde fueron fusilados imperialistas campechanos
en el año de 1867.
* El palacio municipal.
* La Chen Noria.
Y
así proceder con cada una de las juntas municipales
que también tienen su historia.
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