Esta vez hablaré sobre la vida de un hombre que al paso de los años dejó una gran huella en la historia de Calkiní, un hombre que se distinguió por tener un carácter fuerte, igual que su voz, pero de gran corazón humano, caritativo, humilde y defensor de las causas justas; me refiero a Gonzalo Balmes Noceda. Vio la luz primera en la mañana invernal del 10 de enero de 1893, en la casa marcada con el número 64 de la calle 20 de esta ciudad; sus padres fueron Crisanto Balmes y Genara Noceda. Desde muy pequeño desempeñó varios oficios como ventero de pan, tamales, etc., demostrando dotes de humildad y servicio.
Realizó sus estudios de educación primaria en la escuela “Mateo Reyes” de esta ciudad, pero las enseñanzas del padre y Lic. Francisco García Fernández le inculcaron la vocación que más tarde lograría cristalizar al continuar sus estudios para sacerdote, en la ciudad de Nueva Orleans, ordenándose el 25 de junio de 1918, cantando su primera misa el 30 del mismo mes y año en la Catedral de San Patricio de la mencionada ciudad americana.
Se desempeñó en diferentes partes de nuestro país llevando la palabra de Cristo, recorrió las montañas de los Chenes y otros lugares; el 20 de mayo de 1925 se hace cargo de la parroquia de este lugar.
Durante la persecución religiosa estuvo en Campeche. En 1929 regresa para recibir la parroquia de San Luis Obispo, de manos del Pbro. Lorenzo García Ortega (oficialmente fue en 1931); en aquel entonces encontró un templo en ruinas, iniciando un gran trabajo de restauración, como el techado de algunas piezas del templo y ex convento, hasta dotar al templo de su propia planta de energía eléctrica, mucho antes que en la ciudad.
En 1945 constituye el Comité Pro-mejoras del templo, y se logra enladrillar por vez primera todo el piso del recinto, así como pintura general y construcción del “Primer Altar de mármol y granito”, mismo que fue consagrado por el Dr. Alberto Mendoza y Bedolla (+), Obispo de Campeche, el 3 de julio de 1952.
SU AMOR AL TRABAJO Y SERVICIO
En aquel entonces, la jurisdicción abarcaba todas las poblaciones del municipio calkiniense, y el recorrido lo hacía al trote de su blanco caballo; aun bajo las inclemencias del clima, iba impartiendo la doctrina de Cristo.
Grande fue la obra del padre Gonzalo, como cariñosamente se le conocía. Todas las mañanas oficiaba la misa a las 6:00 a.m.; primero, iniciaba su ritual acostumbrado: “orando y cantando al Creador por haber visto un nuevo día”.
Gratos recuerdos acuden a mi mente cuando de pequeños recibíamos el catecismo en los frescos salones del edificio eclesiástico; tenía, él, la sonrisa a flor de labio y se distinguía en sus homilías por sus kilométricos sermones, éstos los impartía en el artístico púlpito del templo; ahí, con voz fuerte, arengaba a todos. Eran tan largas sus prédicas que a veces la gente se dormía. Era dueño de tan potente voz, que hacía retumbar las paredes del templo. En aquel tiempo las misas todavía eran en latín.
Motivo de alegría era cuando festejaba su cumpleaños (el 10 de enero). Le gustaba que le cantaran “Las mañanitas”; organizaba su fiesta en cualquier finca de la ciudad. Como niño, rompía sus piñatas, recogiendo dulces junto con los pequeños. Por las noches, los grupos católicos le ofrecían una “velada-festival”, que se realizaba en la plazuela del ex convento en un viejo teatro, el cual ahora lleva su nombre.
Recuerdo con nostalgia las Semanas Santas, en donde se montaba un gran espectáculo; él las organizaba junto con mucha gente.
DEMOSTRÓ SU GRAN ALTRUISMO HUMANO
Una acción que lo distinguió y que ningún otro sacerdote lo ha hecho: recorrió todos los pueblos del municipio, porque así correspondía a la jurisdicción de la parroquia. De este modo palpó la miseria, el hambre, las enfermedades, que motivan en él una verdadera labor humana. A los niños pobres los traía a estudiar en la cabecera municipal; les proporcionaba alimentos, vestido y educación y fomentaba en ellos valores de responsabilidad, solidaridad y compromiso a través de la realización de labores al alcance de sus niveles de desarrollo, realizaban la limpieza del templo, jardines, patios, cuidado de la huerta situada dentro de los patios del inmueble y cosecha de las frutas para su propio consumo. De aquí salieron infinidad de profesionistas, que ahora son hombres de bien, unos se quedaron y otros emigraron.
PRIMER CONGRESO EUCARÍSTICO
Con motivo de los 400 años de la fundación del templo de San Luis Obispo (1561-1961), se conmemoraron fiestas que alcanzaron gran esplendor. Se organizó un atractivo programa de actividades, donde asistieron grandes personalidades eclesiásticas de aquel tiempo, como el excelentísimo Arzobispo de Yucatán. Dr. Fernando Ruiz Solórzano(+); el Obispo de Campeche, Dr. Alberto Mendoza y Bedolla(+); el Mons. Martín Palmira(+), Vicario General de la Diócesis de Campeche; el Pbro. José Fuentes(+), el ilustre canónigo Don Jaime Domínguez Rivera, conferencista con el tema “La Eucaristía y la familia”. Algunos de estos eventos se realizaron en el desaparecido “Cinema Carvajal”; hubo cantamisa de los diáconos hermanos Nicolás y Florentino Manzanilla y de Fernando Montero Cisneros, coronación de la imagen de la Virgen de Guadalupe, y otros eventos más. Las actividades abarcaron del 19 al 22 de octubre de 1961.
SU DESENLACE
Fueron muchos los años que trabajó el bien amado párroco; por doquier se palpaba su titánica labor. Un año antes de su viaje sin retorno, durante las actividades de la Semana Santa la enfermedad ya hacía mella en su cansado organismo. Fue intervenido quirúrgicamente en una clínica de la ciudad de Mérida, Yucatán y se recuperó totalmente.
Tres semanas antes de su desenlace, recorrió a caballo, como siempre lo hizo, y por última vez, todos los pueblos de su amado Calkiní. Durante la travesía, su caballo se encabritó, botándolo de la cabalgadura, con fatales consecuencias. Esa tarde, al decir la misa de las 7 de la noche, la concluyó a duras penas. Se desmayó y fue recluido en su habitación, en donde recibió infinidad de visitas pendientes de su estado de salud.
Fueron sus últimos días motivo de incertidumbre; infinidad de fieles rezaban en el templo por su recuperación, cosa que no se logró. Después de recorrer los pueblos llevando la palabra de Cristo, cual ave cansada, fallecía este gran apóstol: su “misión estaba cumplida”. entregó su alma al Creador, en las primeras horas primaverales del día 27 de abril de 1972.
Al saberse la fatal noticia, cientos de feligreses lloraron al amado Padre Gonzalo; su cuerpo fue velado en el pasillo central del templo, durante toda la noche y parte del día. El 28 de abril, a las 12 del mediodía, recibió cristiana sepultura en un lugar privilegiado al costado derecho de la Capilla del Santísimo, junto a la imagen del venerado Cristo de la Misericordia.
Sus funerales fueron de los más solemnes y concurridos que se tenga memoria; después de una misa de cuerpo presente, un coro de voces entonaba su canto, dando el último adiós al Gran Guía Espiritual de los calkinienses.
Su lápida dice lo siguiente: “Mons. Gonzalo Balmes Noceda. Jesús dijo… el que cree en mí, no morirá eternamente.” (27-IV-72).
Nota: Este artículo fue publicado el 28 de abril de 2008, en el periódico “Tribuna de Campeche" |