Juan Chávez Sandoval

 

Dios ciego

 

I

¿Quién eres?

El tirano que taladra el oído de la bestia,

una mole confundida con el canto de la noche,

el segador perfecto de los mares,

una rémora, una flecha perdida en el firmamento

que se colapsa con una estrella.

 

No, no lo eres.

 

Tu perfume es ámbar envuelto en terciopelo

y te delata.

Y el eco con sus manos horada tus cavilaciones

y te descubre.

 

Resopla el viento. Tú te escondes

en las alas nocturnas de los cuervos,

refugio solitario de un alma perdida.

 

Renace...

pobre aliento de lobo enfermo.

 

II

¿Acaso eres el rey que mancilla el cáliz de la flor

o un reloj oxidado por la noche?

No lo eres, mancebo perdido por los caminos del Hades,

espíritu petrificado

por la antítesis de ser Dios y animal.

 

III

Has surgir tus manos para tocar los cascarones rotos de la envidia,

agudiza tus largos ojos de lechuza

y mira las sombras inútiles de los sueces.

 

En estos momentos

querrás tener la espada ligera de Cadmo,

con su empuñadura de plumas de ave,

para atravesar con ella tus sombríos sueños.

 

Y por fin...

Tu condición humana será elevada

y dejarás de ser un Dios ciego

porque tu miopía cerebral será encadenada

a los libros triangulares de Babel.

 

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Fuente: U Tuuk' kaan (rincón del cielo). Revista del Grupo Génali. Calkiní, Campeche. Número 1. Enero-abril de 1999. 48 p.

MAYO DE 2002

Grupo Génali (neros Narrativo y rico)