Ramón Iván Suárez Caamal

 

Cantares mayas

 

1

No canté el infortunio

sino el goce

ni me importó la cronología

de los tunes funestos

-rotunda piedra de la muerte-.

Fue mi delicia la torcaza

y el cuerpo de la flor

que en mayo se perfuma;

crecí para el tambor y el baile

y mi palabra vive

mientras tú la digas.

 

2

Toma

para tu lengua,

amada,

esta gota de miel

que he colectado

de las flores silvestres

bajo lluvia;

de oro vivo y fuego dulce

es este beso

que trae mi palabra.

 

3

Tan diminuto el colibrí

cabe en una flor

y cabría en la cuenca de tu mano;

y tan veloz

y certero,

cabe en tu corazón.

 

4

Cazador,

cuando la luna baje la sarteneja,

no tenses tu arco;

admira ese prodigio;

después, cuando se marche,

llena tu mano y bebe.

Tu flecha no errará jamás su blanco;

ni diosas ni doncellas

cerrarán su puerta cuando llegues.

 

5

He visto

cómo la hierba cubre el patio

apenas cayeron las primeras lluvias

y no me atreví a cortarla

tan tierna,

tan rocío.

Ha brotado una flor

como una joya;

quizá una mariposa llegue

o vengas tú y me llames.

 

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Fuente: SUÁREZ CAAMAL, Ramón Iván. Destellos del bambú. Instituto Quintanarroense de la Cultura. Guadalajara, Jalisco, 2000. 80 p.

MAYO DE 2002

Grupo Génali (neros Narrativo y rico)