Altares en honor a familiares
y amigos; participantes y jurados calificadores leen o investigan en Internet los posibles
rasgos a tomar en cuenta en los concursos del "mejor altar".
Niños
y adultos van tras las frutas, velas, incienso, cruces,
candelabros, retratos, y cosas de aparente antigüedad. Manteles, dulces de pan o mazapán, vasijas
de barro, exposiciones orales en maya y español.
En salones de clase, en pasillos, en pensamientos,
se anida un altar y una ofrenda. La niñez come; la adultez se recrea. La comunidad prueba los pibipollos, los pibifrijoles, los pibitos de jamón y queso.
Sea
ésta la forma de deshacerse de la muerte de uno mismo,
y hacerse de la vida del amigo muerto, del pariente
fallecido...